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Invisibles en Alemania

Instantánea de la marcha de los refugiados en Postdam camino de Berlín (FOTO: C. Negrete)

En este país hay varios grupos de personas que aparentemente pasan inadvertidos a los ojos de los alemanes-alemanes. Como si hubiera pasado un ángel. Uno de estos grupos son los refugiados. La foto de más arriba es de una marcha de protesta que ha recorrido el país y que conté con más detalle en el periódico Diagonal.

Otro grupo, éste cada vez más numeroso, son los trabajadores con salarios más bajos. Son los pobres o casi pobres que se emplean en minijobs y en trabajos en ETTs que se ven obligados a hacer trabajos muy chocantes, peligrosos y que desgastan por ná y menos. Con un reportaje sobre este asunto me estrené en eldiario.es y éstos son alemanes de cepa germánica la mayoría.

De lo que no se ha hablado hasta ahora, casi nada dentro de Alemania y nada de nada en España, es de las personas de la Unión Europea que tienen derecho a entrar y salir libremente, pero no a trabajar. Un limbo vital que lo conforman sobre todo en Alemania rumanos y búlgaros. En 2011 se mudaron 75.000 rumanos y 39.000 búlgaros, segun datos oficiales.

Por supuesto que trabajan aunque no sea legal. “En todas las ciudades alemanas hay un mercado de trabajadores ilegales”, asegura DeutschlandRadio en un reportaje. El típico manijero que recoge con el coche a los jornaleros que esperan para echar una peonada, sobre todo en la construcción o trabajos por el estilo.

La cadena pública analizaba en la emisión el mercado ilegal en Hochfeld, en Duisburg. Otro sitio es el mercadillo de Wihelmsburg en Hamburgo, según Spiegel. En su texto, el semanario asegura que allí se pueden encontrar trabajadores „libres de impuestos y sin seguro“ por 25 euros al día. Muchos duermen en sótanos que les alquilan por unos 150 euros al mes. En Múnich este punto de encuentro es en la calle Landwehr, entre la calle Goethe y la calle Stiller. Los jornaleros son explotados, no tienen derechos y cobran unos tres euros la hora.

La empresa que construye el nuevo aeropuerto de Berlín se quedó con el trasero al aire en abril, cuando la primera cadena pública alemana, DasErste, emitió un programa de investigación en el que mostraba cómo en la estación de metro de Berlín-Grünau se reunían a las 5:30 de la manana inmigrantes rumanos y búlgaros a la espera de poder trabajar ese día. Sin contratos ni mamandurrias. Poco después llegaba un autobús, y el que se conseguía montar en él, era el que conseguía trabajo ese día. Las barreras se levantaban y el autobús llenito cruzaba el área de seguridad sin mayores problemas. El área de seguridad, repito. Ni registro de mochilas, ni identificación de los trabajadores. El área de seguridad: “seguro que no pasa ná”.

Doritt Monitowski del sindicato DGB contaba además en el vídeo que poco antes de navidad se dio el caso de varias familias búlgaras que no podían volver a sus países porque los porcinos de sus jefes no les habían pagado.

La barbarie cotidiana

Clase de alemán XXIX

Mohammed Ismael nació en la capital de Sudán del Sur, Yuba. La guerra y el hambre le obligaron a emigrar de su país. Hace 9 años que llegó a Alemania y realizó su primera solicitud de asilo. Aún espera una respuesta de las autoridades. Mientras tanto, vive en un albergue destartalado para solicitantes de residencia en Berlín, ciudad de la que tiene prohibido salir. No tiene derecho a trabajar en Alemania ni a alquilar una vivienda normal.

“- ¿Y qué haces todo el tiempo?

– Buena pregunta. Esperar. Me siento por ahí en el asilo. ¿Qué puedo hacer si no? Sin dinero, sin trabajo, sin nada. ¡Es para volverse loco!”

“- Und was machst du die ganze Zeit?

– Gute Frage. Warten. Rumsitzen im Asylheim. Was kann ich sonst machen? Ohne Geld, ohne Arbeit, ohne nichts. Es ist verrückt!”

Mohammed Ismael, refugiado somalí      (FOTO: C. Negrete)

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Las tres vidas de Raila

Esta tarde ha venido un nuevo trabajador a limpiar la escuela. Se llama Raila y nació en Kenia. Le acaban de conceder el asilo en Alemania y, con sus papeles en la mano, se ha echado a la calle a buscar trabajo.

La residencia que el estado le ha dispuesto está a más de una hora y media del centro de Berlín. Después de unas seis horas de duro fregoteo, cerca de las once de la noche, llegó el jefe y le dijo a Raila que no le había seleccionado para el trabajo.

Con la cabeza gacha, se dirigía ya camino de la estación de metro… para dormir allí, porque a esa hora no pasan más trenes ni autobuses en dirección a su destino. Nosotros no sabíamos nada. Por suerte tenemos otra compa africana que se olió el percal y le preguntó que dónde iba a dormir esa noche.  A mí no se me habría pasado por la cabeza. Así que se ha quedado en casa de otro de los limpiadores.

Raila vive su tercera vida, y eso que parece bastante joven. Su primera vida fue en su país, donde estudió administración de empresas. Su hermano es periodista. Tras alguna desgracia, tuvo que marcharse y el destino le llevó a Grecia, donde pasó cuatro inviernos. Trabajó limpiando en una escuela y cuando ya se defendía más con el griego, en una panadería.

“En Atenas me iba bien, tenía un trabajo, una vida normal, amigos, dinero. Después llegó la crisis y me enviaron aquí. He estado en tres asilos para refugiados en Alemania, en los que permanecí retenido hasta que llegaron mis papeles. Ahora soy libre para buscar trabajo.”

Hace cuatro inviernos que no ve a su familia más que por Skype. Su tercera vida recién comienza en Alemania.

El renacer de la fregona

Clase de alemán IX

Alexander Osang es uno de los periodistas mas reconocidos de Alemania. En su libro “En la próxima vida” (Im nächsten Leben), recopila una serie de retratos, perfiles de personas que comenzaron una nueva vida.

“(…)Angela Merkel aber fühlte irgendwann, dass sie das nicht wollte. Sie wollte weitermachen. Sie sagt, dass sie die Geschichte jahrelang als ständige, gesetzmäsige Entwlickung zu etwas Höherem begriffen hat. Irgendwann machte ihr ein Akademiekolleg klar, dass das DDR-Ideologie war. Aber ganz wird man das ja nie los. Sie wollte es besser machen. Sie konnte das auch. Sie musste nie abhängig sein von der Kerlen. Sie bewarb sich um ein Bundestagsmandat und räumte ihren Schreibtisch in der Akademie. Von da an gab es kein Züruck mehr. – Das war der Punkt, als mein neues Leben began – sagt sie – wenn Sie ihn denn unbedingt wissen müssen.”

“(…)Angela Merkel sintió un día que aquello no era lo que ella quería. Quería seguir adelante. Asegura que durante años comprendió  la historia como una sucesión en desarrollo constante y obligatorio. Un día terminó sus estudios, todo como prescribía la ideología de la DDR. Pero esa sensación (del desarrollo) no la abandonó ya nunca. Ella quería hacerlo mejor. También podía. No tenía que depender de los chicos. Se candidató a un mandato en el parlamento y recogió sus pertenencias de su escritorio en la Academia de las Ciencias. A partir de ahí, no habrá vuelta atrás.

– Ese fué el punto en el que mi nueva vida comenzó -, dice ella – si es que tiene que saberlo sin mas remedio”.

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