Archivo de la categoría: debates y salarios

Cerrado por materialismo

Este blog lleva muerto varios meses, precisamente a raíz de una nueva vida que nacerá en marzo. La razón: Me he vuelto materialista. Aún no he decidido si en el sentido marxista o chabacano del término. Ahora mi mayor interés es la comida, vicio caro donde los haya, y montar un nido medio habitable.

Salir a pasear al parque, cantar canciones de cuna, hacer de vaca lechera… El sueño de toda mujer moderna: ama de casa y mantenida.

materialista perdía

materialista perdía

Yo sé que al que se acerque por aquí le gustaría que le contase los últimos chascarrillos.

Como cuando un sociólogo experto en temas laborales y sindicalista me propuso trabajar en una investigación con condiciones miserables y de la que finalmente me excluyó porque, y cito, sería  “muy arriesgado” por mi embarazo. En concreto se trataba de hacer entrevistas, una tarea que se ha vuelto de alto riesgo con la crisis y la sinvergonzonería galopante.

O cuando se descubrió que uno de los mayores sindicatos alemanes, el DGB, que hace campaña por un salario mínimo y en contra del trabajo temporal, tiene una empresa de trabajo temporal donde paga a sus propios empleados menos de lo que reclama que el gobierno escriba en la ley. Dirán que mientras sea legal, así sus propios trabajadores se pueden afiliar a ellos mismos y reclamarles lo que les corresponde.

O tal vez querríais que os cuente la historia de un vecino vietnamita que vende tabaco de contrabando en la esquina de mi casa. El pobre chaval se pasa todo el día apostado en una esquina. Este invierno ha sido horrible y te lo veías ahí abajo con la nieve plantado esperando a sus clientes fuera del centro comercial. Esto es muy hipócrita y muy cínico. Todos saben que es ilegal, pero si se ahorran unos céntimos, pues eso que se llevan. El pobre diablo no tendrá papeles y así que sobrevive.

con lluvia, nieve, frío o calor, se pasa en esa esquina todo el día de pie

Con lluvia, nieve, frío o calor, se pasa en esa esquina todo el día de pie

En fín, que a mí me gustaría darle marcha a este blog de vez en cuando, pero estoy mu materialista. Lo mismo vuelvo algún día, hasta entonces escribo en eldiario.es de vez en cuando algunas cositas sobre Alemania y en Diagonal pa desquitarme.

Pero ahí no puedo decir palabrotas.

El blog se acaba, igual que se acabó la DDR, o que se puede acabar ahora el muro, ahora que no quieren que caiga.

¡Adiós blog! ¡Hola bebé!

Última clase de alemán / Abschlussfeier im Plattenbau

Andrea Hanna Hünniger es periodista y nació en 1984, como yo. Sólo que en la Alemania comunista. Su novela “El paraíso. Mi juventud después del muro” (“Das Paradies. Meine Jugend nach den Mauer”) no es sólo una narración deliciosa, también es un relato de los cambios que se vivieron tras el derribo del muro.

“Abajo del bloque de pisos había una guardería. Yo la dejé en 1990. Fuimos la última promoción. Después no nacieron más niños. Las familias jóvenes no querían vivir en los bloques de pisos. Desde entonces solamente vivían allí asociales. Es lo que aseguraban entonces. (…) La guardería cerró.

Dentro en una raja de la pared (se veían) en fila: animales de peluche. Tablas rotas, polvorientas, de las que una se preguntaba cómo era posible que hubiesen acabado tan rotas.

De la guardería se hizo un centro juvenil. El centro juvenil fue ocupado enseguida por neonazis.”

“In der Plattenbausiedlung gab es auch einen Kindergarten. Den verließ ich 1990. Wir waren der letzten Jahrgang. Danach wurden keine Kinder mehr geboren. Das Bild junger Familien ist ein Bild der Vergangenheit. Keine Junge Familie wollte mehr in der Platte wohnen. In der Platte wohnten ab sofort nur Assis. So hieß es jedenfalls. (…) Der Kindergarten wurde geschlossen.

Drinnen akkurat an der Wand in einer Reihe angelehnt: Plüschtiere. Kaputte, staubige Bretter, bei denen man sich fragte, wann die so kaputt hatten gehen können.

Aus den Kindergarten wurde ein Jugendzimmer. Das Jugendzimmer wurde ab sofort von Neonazis besetzt.”

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Invisibles en Alemania

Instantánea de la marcha de los refugiados en Postdam camino de Berlín (FOTO: C. Negrete)

En este país hay varios grupos de personas que aparentemente pasan inadvertidos a los ojos de los alemanes-alemanes. Como si hubiera pasado un ángel. Uno de estos grupos son los refugiados. La foto de más arriba es de una marcha de protesta que ha recorrido el país y que conté con más detalle en el periódico Diagonal.

Otro grupo, éste cada vez más numeroso, son los trabajadores con salarios más bajos. Son los pobres o casi pobres que se emplean en minijobs y en trabajos en ETTs que se ven obligados a hacer trabajos muy chocantes, peligrosos y que desgastan por ná y menos. Con un reportaje sobre este asunto me estrené en eldiario.es y éstos son alemanes de cepa germánica la mayoría.

De lo que no se ha hablado hasta ahora, casi nada dentro de Alemania y nada de nada en España, es de las personas de la Unión Europea que tienen derecho a entrar y salir libremente, pero no a trabajar. Un limbo vital que lo conforman sobre todo en Alemania rumanos y búlgaros. En 2011 se mudaron 75.000 rumanos y 39.000 búlgaros, segun datos oficiales.

Por supuesto que trabajan aunque no sea legal. “En todas las ciudades alemanas hay un mercado de trabajadores ilegales”, asegura DeutschlandRadio en un reportaje. El típico manijero que recoge con el coche a los jornaleros que esperan para echar una peonada, sobre todo en la construcción o trabajos por el estilo.

La cadena pública analizaba en la emisión el mercado ilegal en Hochfeld, en Duisburg. Otro sitio es el mercadillo de Wihelmsburg en Hamburgo, según Spiegel. En su texto, el semanario asegura que allí se pueden encontrar trabajadores „libres de impuestos y sin seguro“ por 25 euros al día. Muchos duermen en sótanos que les alquilan por unos 150 euros al mes. En Múnich este punto de encuentro es en la calle Landwehr, entre la calle Goethe y la calle Stiller. Los jornaleros son explotados, no tienen derechos y cobran unos tres euros la hora.

La empresa que construye el nuevo aeropuerto de Berlín se quedó con el trasero al aire en abril, cuando la primera cadena pública alemana, DasErste, emitió un programa de investigación en el que mostraba cómo en la estación de metro de Berlín-Grünau se reunían a las 5:30 de la manana inmigrantes rumanos y búlgaros a la espera de poder trabajar ese día. Sin contratos ni mamandurrias. Poco después llegaba un autobús, y el que se conseguía montar en él, era el que conseguía trabajo ese día. Las barreras se levantaban y el autobús llenito cruzaba el área de seguridad sin mayores problemas. El área de seguridad, repito. Ni registro de mochilas, ni identificación de los trabajadores. El área de seguridad: “seguro que no pasa ná”.

Doritt Monitowski del sindicato DGB contaba además en el vídeo que poco antes de navidad se dio el caso de varias familias búlgaras que no podían volver a sus países porque los porcinos de sus jefes no les habían pagado.

La barbarie cotidiana

Clase de alemán XXIX

Mohammed Ismael nació en la capital de Sudán del Sur, Yuba. La guerra y el hambre le obligaron a emigrar de su país. Hace 9 años que llegó a Alemania y realizó su primera solicitud de asilo. Aún espera una respuesta de las autoridades. Mientras tanto, vive en un albergue destartalado para solicitantes de residencia en Berlín, ciudad de la que tiene prohibido salir. No tiene derecho a trabajar en Alemania ni a alquilar una vivienda normal.

“- ¿Y qué haces todo el tiempo?

– Buena pregunta. Esperar. Me siento por ahí en el asilo. ¿Qué puedo hacer si no? Sin dinero, sin trabajo, sin nada. ¡Es para volverse loco!”

“- Und was machst du die ganze Zeit?

– Gute Frage. Warten. Rumsitzen im Asylheim. Was kann ich sonst machen? Ohne Geld, ohne Arbeit, ohne nichts. Es ist verrückt!”

Mohammed Ismael, refugiado somalí      (FOTO: C. Negrete)

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Sin pausa y con mucha prisa

Los caminos de la precariedad son inescrutables. Y así, acabé trabajando en el archivo de un hospital. Cinco horas al día marco con un rotulador simbolitos en las actas de los pacientes, en función de si éstos aprueban su digitalización o no. Sí, sí, sí, no, sí, sí, no, no…

Los primeros días me resultó apasionante descubrir el nuevo mundo de los datos hospitalarios. Las historias clínicas no se digitalizan en el mismo hospital, sino que viajan a la otra punta de Alemania, a donde las mandamos por correo. Una vez allí, los ponen en la red, donde podemos consultarlos desde Berlín. Los datos de miles y miles de pacientes dependen de una cadena muy frágil: Internet tiene que funcionar, el correo postal tiene que funcionar y el propio archivo tiene que funcionar.

Si internet no funciona, las historias clínicas no se pueden buscar tan fácilmente, pues están a kilómetros y kilómetros de Berlín. En los dos meses que trabajo ahí, ha ocurrido ya que una caja con historias clínicas se perdió en el correo. Por último, en el archivo trabajan dos personas, mientras hace poco tiempo eran doce. Una de ellas está enferma desde hace tres meses y por eso buscaron un ayudante, que soy yo… Mi jefa no puede ponerse enferma ni irse de vacaciones porque el archivo del hospital, privado y uno de los mayores de Berlín, depende en éste momento prácticamente de ella, que es el enlace entre el hospital y la digitalización de las historias de los pacientes. Yo no he recibido ninguna formación especial ni entrenamiento.

Dicho hospital fue privatizado hace aproximadamente una década, y desde entonces han despedido a un millar de trabajadores. Sin embargo, siguen ofreciendo los mismos servicios. El secreto es contratar a trabajadores temporales como yo. Para más inri, hace un par de semanas despidieron a los seis logopedas del centro y les ofrecieron contratarlos de nuevo como autónomos a mitad de precio. 

Me pregunto porqué solo me cruzo con majaretas en este país. Mi jefa no es mi jefa en realidad, porque estoy contratada por una empresa de trabajo temporal. Jefes no me faltan. Está como un cencerro, vive en un ramadán constante: No come, no bebe, no para. Los dos primeros días me aguanté como pude y al tercero le dije que yo por lo menos tenía que hacer pausas en mis cinco horas de trabajo de vez en cuando (ella trabaja ocho). Llamó a mi otra jefa y me dijo que sí, sin problema, pero que las pausas no las pagan, así que hay que cronometrarlas y quitarlas de la cuenta. 

Son unos gorrinos. No pagan las pausas, ni los días de fiesta, porque solo pagan lo que se trabaja. Encima, lo que nos dan: Viajo dos horas al centro de trabajo, donde estoy otras cinco  de lunes a viernes, y mi sueldo son 510 euros, después de pagar los impuestos. En pleno verano, con la morriña escarranchá, como se dice en mi pueblo, sin derecho a vacaciones ni dinero para permitírmelas, hace dos años que trabajo en empleos basura, y nunca he tenido derecho a vacaciones.

Por todo ello y por las sinvergonzonerías que están pasando en España, el jueves también nos manifestamos aquí en Berlín ante la sede del Instituto Cervantes, ya que la Embajada no está en el centro y se pretendía que la protesta fuese visible. Fuimos unas cien personas y una de las cuestiones que se hablaron fue la importancia de informar a los alemanes de a pie de que el “rescate” no va a parar a los españoles de a pie, sino a los bancos.

Manifestación del 15-M frente al Instituto Cervantes. Berlín, 19.07.2012

Manifestación del 15-M frente al Instituto Cervantes. Berlín, 19.07.2012

Los alemanes han sido bombardeados por la prensa con la idea de que el dinero de sus impuestos ha de ser empleado en rescatar a los países del sur que no han hecho bien los deberes. Es la estrategia del divide y vencerás.

La prisa del rescate

Clase de alemán XXVIII

A diferencia de lo que muchos de nosotros pensábamos, tras la caída del muro de Berlín, Alemania del Este quedó sumida en la ruina económica. Es decir, tras la reunificación, y no antes. Las protestas que llevaron a la caída de la Alemania comunista tuvieron sus motivos, entre los cuales no se encontraba ni el desempleo ni la ruina económica. En el libro “La deuda del oeste. ¿Qué ha aportado la República Democrática Alemana al bienestar de la República Federal de Alemania?” (“Die Schulden des Westens. Was hat die DDR zum Wohlstand der BRD beigetragen?”, en alemán) el economista Klaus Blessing compara ambos estados antes de la reunificación. Los dos tenían economías sólidas industrializadas muy similares… es su conclusión.

Tras la reunificación, sin embargo, en Alemania del Este se creó un organismo estatal, la llamada “Treuhand”, que se encargó de vender todas las empresas públicas a precio de saldo. Millones de personas se quedaron sin trabajo, una crisis en el este que aún hoy continúa. Los estados regionales del este declararon la bancarrota. ¿Os suena de algo ésto de vender las empresas públicas?

Pues atención, porque después de que la economía de la Alemania del Este estuviera completamente destruida, comenzaron los “planes de ayuda” del oeste. Creo que las conclusiones que extrae Blessing para explicar la solidaridad espontánea son una lección que nos ayuda a entender una parte del porqué de los rescates actuales. 

“¿Porqué deberían el capital alemán del oeste y la política a su servicio querer reconstruir la economía de la Alemania del Este? Tenían cuatro objetivos: Robar las propiedades de los alemanes del este, adueñarse de los clientes del este y abrir mercados, acabar con la competencia de empresas del este y captar fuerza de trabajo bien formada. Todos los objetivos fueron brillantemente alcanzados”.

“Warum sollten das westdeutsche Kapital und die ihm hörige Politik den Osten aufbauen wollen? Sie hatten vier Ziele: Den Ostdeutschen das Eigentum rauben, östliche Kunden aneignen und Märkte erschließen, ostdeutsche Konkurrenz ausschalten und gut ausgebildete Arbeitskräfte abwerben. Alle Ziele wurden glänzend erreicht.”

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Revuelta en el Döner

Llegué a Berlín de vuelta de Andalucía, convencida de que no volvería a hacer ningún trabajo mal pagado, en el que fomentase a mafia alguna y menos aún si era sin contrato.

El primer día de regreso fui a un Kebap a comprarme unas papas fritas y ya me dejé convencer por lo que parecía ser una oferta que no podía rechazar: vender zumos y ganarme unos eurillos. Un trabajo sencillo y agradable. El sol brillaba a más no poder y parecía pedirme a gritos un SÍ como una torre.

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– Gracias, su zumo.

– De nada, su vuelta.

Lo cierto es que el sueldo era muy muy bajo: 5 euros la hora. El contrato era un contrato de minijob. Para más señas leer este artículo de El País sobre este modelo de explotación legalizada.

Al cuarto día, Berlín volvía a ser la ciudad que es: Nublada y con un frío que pela. Nadie quería tomar zumo de naranja en un día así. Ocho horas de pie pasando frío por 40 euros. Me pillé un resfriado increíble y al día siguiente no pude volver al trabajo, con lo cual aquel día no gané nada.

Así fue mi vuelta y mi revuelta a Berlín: Le dije al jefe que si trabajaba ocho horas debía tener un trabajo a tiempo completo, y que si el negocio era realmente rentable tendría que pagarme algo más por hora. Me respondió que no siguiese, pues estaba infundiendo una “moral errónea” a los otros empleados. 

Uno de ellos, el cocinero del Kebup, me contó que hablaba seis idiomas y sabía cocinar platos de muchos países diferentes. Formación profesional incluida, llevaba trabajando en el sector un lustro. “Son malos tiempos, yo también trabajo por 5 euros la hora, tengo un contrato a tiempo completo, pero ésto es lo mejor que he podido encontrar”.

En su defensa tengo que reconocer que eran muy simpáticos y me llenaban la barriga de zumos y falafel. Tan solo me daban escalofríos cuando pasaba algún nazi por la puerta, y se quedaba fijamente mirándome a los ojos. No sé si era paranoia o qué, pero bien que nos bombardearon con lo de la “Banda del Döner”.

La alarma mecánica

Clase de alemán XXV

Dicen que el berlinés mas famoso es el ruso Wladimir Kaminer, escritor y periodista, que con su bestseller “No soy un berlinés” (Ich bin kein Berliner), una “guía de Berlín para turistas perezosos”, descubrió a los alemanes un punto de vista de sí mismos que hasta entonces eran incapaces de captar. Pronto estará en las pantallas su primera película, y muchos sábados deleita a sus más fieles en un bar en el que lee sus divertidos escritos. No puedo más que recomendarlo a los que quieran aprender alemán y se muden a Berlín.

En el capítulo “Nazis y otras cosas dignas de ver” cuenta:

“Desde que mi suegra ha venido a visitarnos, se preocupan mucho por ella sus familiares en el Cáucaso norte. Cada semana la llaman por teléfono, a veces incluso en medio de la noche. “¿Cómo estás, Tanja? ¿Está todo bien? ¿No estás herida?” La razón de tanta pregunta es la información tan parcial que sobre Berlín emiten en la televisión rusa. En ella se muestran una y otra vez imágenes aterradoras de la capital alemana: manifestaciones de neonazis, disturbios, casas ardiendo y coches volcados. “Pues yo no he notado nada”, dice mi suegra cada vez. Los familiares por el contrario viven en una región inestable cerca de la frontera con Chequia. “Mira menos la tele y más por la ventana. ¡Ahí donde vosotros ha explotado hace poco una casa!, intento contraatacar. “¿Qué casa? Aquí no ha pasado nada. Pero ahí, en Berlín, lo hemos visto – ¡por todas partes hay talibanes! ¡Andad con ciudado!”, nos aconsejan los parientes caucásicos.”

“Seit meiner Schwiegermutter bei uns zu Besuch ist, machen sich ihre Verwandten im Nordkaukasus große Sorgen um sie. Jede Woche rufen sie an, oft sogar am Mitternacht. “Wie geht´s dir, Tanja? Ist alles in Ordnung? Bist du auch nicht verletzt?”  Der Grund für solche Fragen ist die einseitige Berichterstattung über Berlin im russischen Fersehen. Dort werden nämlich immer wieder erschütternde Bilder aus der deutschen Hauptstadt gezeigt: Nazi-Demos, Krawalle, brennende Häuser, und umgekippte Autos. “Also ich habe eigentlich nichts bemerkt”, sagt meine Schwiegermutter jedes mal verlegen. Dabei legen gerade die Verwandten in einer instabiler Region nahe der tschechischer Grenze. “Guckt weniger Fernsehen und mehr aus dem Fenstern! Bei euch ist doch neulich ein Haus explodiert!”, versuche ich zu kontern. “Was für ein Haus? Hier ist nichts passiert. Aber bei euch in Berlin, das haben wir gesehen – überall Taliban! Bleibt wachsam dort!”, raten uns die kaukasischen Verwandten”.

 

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Tiempo de dejar de ser cateta

El chico que recoje la basura en el sótano del edificio se llama Markus. Desde hace más de dos semanas lleva el mismo chándal negro y el mismo gorro de lana desgastado. Es muy simpático, porque sólo nos conocemos de hola y adiós.

Le comenté que estoy pensando dejar este trabajo y que esta semana ya he empezado a buscar otra cosa, en parte por lo mal que nos tratan (cuento estas penurias, pero no soy masoquista), en parte porque no estoy de acuerdo en trabajar para una empresa como ésta, en la que se da una explotación tan rampante. Somos esclavos del dinero, no de este jefe.

Markus me miró sin inmutarse y me dijo “No me extraña, desde noviembre ya sois diez las personas que habéis pasado por aquí. Todos se marchan. Esa empresa es una caja registradora. Se dedican a colocar gente para cobrar los 1.000 euros que da el servicio nacional de empleo por contratar a un parado, pero al mes o incluso antes, se marchan o son despedidos.”

De los colegas que empezaron en la escuela no queda ninguno, cada día llega gente nueva, muchos de ellos van allí a trabajar un día “de prueba”. La prueba es doblar la espalda cinco o seis horas sin cobrar nada y al final del día, desgraciadamente, siempre se han decidido por otro trabajador.

Está llegando la hora de decir adiós a la fregona, al menos en esta empresa. Si mi próximo trabajo es de periodista, me dedicaré a informar lo mejor que pueda. Pero como creo que no caerá esa breva porque los árboles están más que secos por la crisis, volveré con otras historias de otros trabajos precarios.

No todo es quejarse: Alemania alardea de su economía bollante, pero los alemanes han perdido poder adquisitivo sin frenos en las últimas décadas. Ahora, no se lo pierdan, en una semana en que piden a Grecia quitar el pan de la mesa para pagar los tanques que Alemania les ha vendido, la ministra alemana de trabajo Úrsula von der Leyen asegura que los salarios aquí tienen que aumentar para que todos puedan beneficiarse de la buena coyuntura económica.

Ajo y agua para Grecia, Irlanda, Portugal, España… Por no hablar de Hungría, Rumanía y los otros desastres de los que me olvido tan amenudo centrada en mi micro-cosmos hispanoalemán.

La fregona pueblerina

Clase de alemán XXIII

Una buena bofetada me dió el sábado la película Mort à vendre (Muerte a la venta) de Faouizi Bensaídi: Un thriller marroquí que me recordó lo cateta que soy, por no haber ido nunca a Marruecos y desconocer esa realidad que está a pocos kilómetros de donde nací. Muestra un Tetuán que no me había imaginado dentro de mis prejuicios.

Ay, la Berlinale.

Os traduzco el primer párrafo de la crítica de Frédéric Jaeger para critic.de:

A asesinos a sueldo y a películas de serie B recuerda su título. Mort à vendre es un retrato generacional marroquí, que tiene menos que ver con las producciones actuales que con una película de los setenta de Federico Fellini. Al director Faouzi Bensaïdi le interesan los elementos del crimen y las rupturas con la ley. Comienza con una salida de la cárcel y termina con una persecución. Entre medio dibuja el día a día de tres jóvenes tunantes en la pequena ciudad del norte de Marruecos Tetuán.

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Buena educación para los buenos

Los alemanes son por lo general muy educados. Hablar de usted es una obligación si uno quiere integrarse en esta sociedad. Las frases en condicional forman parte de la vida diaria: “¿Podría regalarle un poco de agua en su vaso señora?”, pregunta una camarera a una clienta. “¿Sería tan amable de decirme la hora?”, pregunta una pasajera a otra en la estación.

Hay un submundo en el que no se habla de usted y se tutea desde el primer minuto. La primera vez que me  espetaron: “Cuando acabes ahí, ven aquí y haz esto y esto”, pensé que no estaban hablando conmigo. “Oye, que te estoy hablando a tí, ¿no escuchas o qué?”

Fue como si se cayese el telón de repente. La farsa de la educación al descubierto. Reinas y princesas, adelante majestades. Lumpen y otros despojos sociales moved el culo, la primera puerta a la derecha.

No me extraña que haya gente, como la otra limpiadora del gimnasio, con derecho a recibir ayudas públicas que las desprecien. Lejos de tratarse de un acto de honestidad social, como observadora he podido comprobar que se trata más bien de esquivar la discriminación social a que están sometidos los de abajo. Un ejemplo de ello es el llamado “Berliner Pass”, que es un carnet de pobre con el que te hacen descuentos en muchos sitios y te ponen cara de “otro que vive del cuento de papá estado”.

Mejor dos trabajos, pensarán, aunque ninguno te dé para vivir: Uno de cada diez alemanes redondea sus ingresos con un segundo trabajo, según datos de la agencia nacional de empleo alemana.

Madame Fregona Mejoramundos

Clase de alemán XXII

Malina es la única novela de la poeta Ingeborg Bachmann. Un proyecto que dejó sin acabar, de su trilogía “Todesarten”, que significa “Formas de morir”. En el siguiente diálogo la protagonista se dirije a su amante, un hombre de finanzas:

¡Acabo de descubrir como podría cambiar el mundo!

¿Qué? ¿ Tú también? ¿La  sociedad, las relaciones? Eso debe ser hoy en día la competición más ardua.

¿Realmente no te interesa lo que he inventado?

Hoy seguro que no, seguro que tienes una inspiración muy fuerte y a los inventores no se les debería molestar cuando trabajan.

Gerade habe ich erfunden, wie ich die Welt doch noch verändern kann!

Was? du auch? die Gesellschaft, die Verhältnisse? das muß ja heutzutage der reinste Wettbewerb sein.

Interessiert es dich wirklich nicht, was ich erfinde?

Heute bestimmt nicht, du wirdst wohl eine mächtige Eingebung haben, und Erfinder soll man nicht bei der Arbeit stören.

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Protestas y prosperidad

Resulta que ayer ya me cansé. Le dije al jefe que no volviera a insultarnos más, y que me pagaba las horas extras o que ya estaba en contacto con mi sindicato y le iba a denunciar, lo cual era además cierto. Su primera reacción fue despedirme.  Me alegré de verme libre de este trabajo, porque si dejas un trabajo te quedas sin derecho a las ayudas, y nunca se sabe. Así que me fui a casa silbando…

… cuando suena el teléfono. Ya me extrañaba que tan fácilmente renunciase al dinerito que da a las empresas el servicio de empleo alemán por contratar a un parado: como unos 1.000 euros en el primer mes. No solo no me despidió, sino que me ofreció un trabajo mejor en un gimnasio de lujo donde solo tengo que limpiar el polvo a las máquinas. Las otras pobres almas se quedan en la escuela, aguantando los insultos y los recortes de sueldo arbitrarios con una tarea mucho más dura. Un trabajo sin su vigilancia constante y sin horas extra. Y todo por protestar.

A veces protestar ayuda, aunque entiendo a mis colegas de trabajo, que entre miedo y desconocimiento, no se quisieron quejar. Muchas veces indignarse no ayuda, sino que agrava las cosas, sobre todo si la justicia tiene tan poca sensibilidad como en el caso de los trabajadores despedidos en el ayuntamiento de Huelva.

Los compas de trabajo que no se quejan son, muchos, trabajadores temporales que vienen dos o tres meses a limpiar y luego se llevan un dinerito a sus países, destrozados por la guerra. Razones para no protestar, pues dentro de lo malo, esto es lo menos malo.

A ver si tienen suerte los 1.000 conductores de autobús que se manifestaron ayer en Baden-Wurtemberg para pedir un aumento de la paga de navidades, cursos pagados y mejores vacaciones. Parece que no se han enterado de que estamos en crisis. Todo es cuestión de necesidades, también a la hora de protestar.

(PD: Todavía se evaden al fisco en Alemania cada ano unos 344 billones de euros.)

La fregona protestona

Clase de alemán XIX

En Alemania no habrá muchas protestas de indignados, pero dentro de la escena musical hemos visto nacer al menos tres canciones con el mismo título: “¡Indignáos!”. La versión más famosa sin duda es la creación del cantautor Konstantin Wecker. La canción original con los acordes la podéis leer directamente en la web de Wecker, que además la ha colocado en Amazon, donde se puede descargar gratis. Os dejo la traducción.

Son como nosotros, sí, no lo son con gusto,
no se relacionan con nostros a conciencia.
Nos fastidian mejor desde la distancia
y solo quieren ser iguales entre sus iguales.
Nosotros pagamos impuestos y ellos los evaden.
Nosotros damos la mano y ellos especulan
y mantienen nuestros miedos al trote,
para que no nos enteremos mientras perdemos.
Ellos son los ricos. A veces también los guapos.
Hablan sinsentidos y son publicados a menudo.
Desvarían con gusto y su objetivo son los salarios altos
y eso arruina nuestra economía.
La bolsa festeja, cuando despiden,
a aquellos que les trajeron sus riquezas.
En los tribunales no se los atrapa,
porque las leyes son hechas para ellos.
Indignáos,
quejáos,
y defendéos,
¡nunca es tarde!
Indignáos,
pertenecéos,
y queréos,
¡nunca es tarde!
¡y resistid!
Indignáos…
Los visionarios se ahorran audaces borradores,
incluso las sátiras tienen un efecto exangüe, como castradas.
Los manifestantes se preguntan tímidos, qué se pueden permitir aún,
y en la bolsa se colocan leyes que impiden la lógica.
La dignidad humana es como si fuese intangible,
ya que ahora está bajo reserva financiera –
un pueblo en rigidez tolerante, resistente sin límites,
los cuartos caldeados abarrotados, porque se pondrá fría la cosa.
Para la mayoría es vergonzoso, sentir algo todavía.
Y en lugar de en bienes se cree en la solvencia.
Nos hacen inútiles con calambre y lucha y juego –
miramos por la pantalla, tal vez sea demasiado tarde…
La dictadura aún no está completamente madura, está ensayando aún.
Quien siente su respiración, se agacha de forma preventiva.
Y el necio no está aún completamente entumecido, él ama aún
y se agita con sueños, por eso se le llama “naiv”.
Indignáos…
Conspiráos…
Necesitamos chiflados y locos,
tiene que ocurrir algo.
Estamos viendo a donde lleva todo esto,
cuando los normales gobiernan.
Resisti,
combatti,
stai all’erta,
non cedere mai!
Nell’aria si sente,
si alza un grido
Viva la libertà!
Indignáos…
Outrage yourself,
engage yourself,
love yourself…

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La jefa de todo esto

“Cuando yo empecé, no te imaginas las horas que eché sin cobrar.” “No me mires con esa cara de idiota.” Estas y otras lindezas nos suelta nuestro jefe. Estamos pensando denunciarlo porque no nos quiere pagar las horas extra y por mobbing.

Mejor mil jefes que ni uno solo, se deben estar diciendo por el contrario a sí mismos los trabajadores de las filiales de droguerías Schlecker. En los últimos cuatro meses de 2011 cerró 800 filiales, mientras que en enero y febrero van a cerrar otras 600 más. Unas 3.000 personas se van al paro.

Como en el mundo de los ciegos, en nuestra escuela los tres que nos defendemos con el alemán estamos inevitablemente por encima de los otros que no hablan palabra. Que además son extranjeros sin formación y que no conocen las leyes alemanas, y creen no tener otra opción que aguantar a semejantes mamarrachos.

Mi compañera de trabajo y yo bromeamos a menudo de que en nuestra escuela hay más jefes que empleados. A veces viene uno y nos muestra cómo hemos de coger la fregona, otras veces viene otro que nos asegura que trabajamos muy despacio. Un día vino la mujer del jefe (de uno de ellos) y dijo que estaba todo muy sucio. La cuestión es que quieren que trabajemos unas dos horas gratis al día.

Mañana vamos a ir todos juntos a buscar otro trabajo.

La fregona acosada

Clase de alemán XIII

Tener un trabajo en el que te toman el pelo, y encima te llaman idiota abiertamente, o no tener ningún trabajo. Como en la novela de Leonard Frank “Tres de tres millones” (“Von drei Millionen drei”), cuyo título se refiere a tres millones de parados y se ambienta en los cuarenta. Narra la historia de tres de ellos que se echan a rodar por el mundo en busca de un destino mejor, acosados por el paro. Por el camino aparte de pasar hambre y penalidades, de vez en cuando se echan unas risas:

“Estupendo sería una nueva profesión. Seríamos los primeros que podríamos ejercitarla, porque claro, por supuesto, para eso la habríamos descubierto nosotros”.

“Größartig wäre das, so ein neuer Beruf. Wir wären die ersten, die ihn ausüben können, natürgemäß, weil wir ihn ja entdeckt haben”.

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De ayudanta

Esta semana en mi tiempo libre he estado acompañando y haciendo de traductora a los chicos de Telesur Jacobo Rivero y Álvaro Barrantes, que han estado informando desde aquí sobre la crisis económica y el racismo.

Por eso el blog ha estado paradillo. Hay novedades inesperadas en mi trabajo en la escuela que os contaré la próxima semana y mañana tengo preparada una entrevista en exclusiva.

Os dejo con una de las noticias que han sacado, en la que aparezco hablando de la economía alemana.

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5 euros y a juir

Menos mal que mi ordenador no está infectado del trojano que atemoriza hoy a los alemanes, porque con lo que gano podrían darme las uvas hasta poder comprarme uno nuevo. La alarma viene de EEUU. En noviembre, el FBI detuvo a los administradores de una red de servidores que tenían miles de ordenadores infectados. El FBI no desconectó los servidores, porque entonces, aseguran, dejaría sin conexión a miles de ordenadores en todo el mundo. Sigue manejándolos, aunque ha asegurado que los apagará en marzo.

Qué datos de los particulares manejaban los cibercriminales y están hasta el momento en manos del FBI para que no se queden sin internet, no lo cuenta el semanario Spiegel. A mí me parece interesante, porque si los bandidos tenían acceso a información personal, no me parece mucho mejor que esa vía de entrada a ordenadores privados esté accesible al FBI. Mejor solx y aisladx del cibermundo, que espiadx o con el trasero al aire.

En Alemania la policía ya tiene experiencia en lo que a troyanos se refiere.

Si un ordenador vale como mínimo unos 300-400 euros en el caso de los más baratos y chiquitines, su compra supone más de un 25% del sueldo de una persona que trabaja ocho horas al día, cinco días a la semana a razón de 5 euros la hora.

Wilhelm Adamy, experto en mercado laboral de la Federación Alemana de Sindicatos, y un hombre con una cara muy seria (ver foto), cuenta hoy en el diario junge Welt que uno de cada cuatro alemanes gana menos de 5 euros/hora.

El precio de una fregona

Clase de alemán VIII

Hoy os traigo una cita del político alemán Thilo Sarrazin. Famoso por soltar todo lo que piensa de forma escatológica, y por seguir formando parte del partido socialdemócrata, del SPD, que nunca ha visto en sus declaraciones y publicaciones una razón para suspenderlo.

Para él, los turcos son de media menos inteligentes que los alemanes, y además volverán Alemania un país con un menor coeficiente intelectual porque se reproducen más. Los parados están gordos, se quedan en casa y no les vendría mal ducharse con agua fría, que es más sano, y así se ahorraría el estado los costes de energía.

“Für fünf Euro würde ich jederzeit arbeiten gehen. Das wären 40 Euro pro Tag.” (Juni 2008. Debatte über Mindestlöhne)

“Por cinco euros iría a trabajar con mucho gusto. Eso serían 40 euros al día.” (Junio del 2008. Debate sobre el salario mínimo)

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