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Buena educación para los buenos

Los alemanes son por lo general muy educados. Hablar de usted es una obligación si uno quiere integrarse en esta sociedad. Las frases en condicional forman parte de la vida diaria: “¿Podría regalarle un poco de agua en su vaso señora?”, pregunta una camarera a una clienta. “¿Sería tan amable de decirme la hora?”, pregunta una pasajera a otra en la estación.

Hay un submundo en el que no se habla de usted y se tutea desde el primer minuto. La primera vez que me  espetaron: “Cuando acabes ahí, ven aquí y haz esto y esto”, pensé que no estaban hablando conmigo. “Oye, que te estoy hablando a tí, ¿no escuchas o qué?”

Fue como si se cayese el telón de repente. La farsa de la educación al descubierto. Reinas y princesas, adelante majestades. Lumpen y otros despojos sociales moved el culo, la primera puerta a la derecha.

No me extraña que haya gente, como la otra limpiadora del gimnasio, con derecho a recibir ayudas públicas que las desprecien. Lejos de tratarse de un acto de honestidad social, como observadora he podido comprobar que se trata más bien de esquivar la discriminación social a que están sometidos los de abajo. Un ejemplo de ello es el llamado “Berliner Pass”, que es un carnet de pobre con el que te hacen descuentos en muchos sitios y te ponen cara de “otro que vive del cuento de papá estado”.

Mejor dos trabajos, pensarán, aunque ninguno te dé para vivir: Uno de cada diez alemanes redondea sus ingresos con un segundo trabajo, según datos de la agencia nacional de empleo alemana.

Madame Fregona Mejoramundos

Clase de alemán XXII

Malina es la única novela de la poeta Ingeborg Bachmann. Un proyecto que dejó sin acabar, de su trilogía “Todesarten”, que significa “Formas de morir”. En el siguiente diálogo la protagonista se dirije a su amante, un hombre de finanzas:

¡Acabo de descubrir como podría cambiar el mundo!

¿Qué? ¿ Tú también? ¿La  sociedad, las relaciones? Eso debe ser hoy en día la competición más ardua.

¿Realmente no te interesa lo que he inventado?

Hoy seguro que no, seguro que tienes una inspiración muy fuerte y a los inventores no se les debería molestar cuando trabajan.

Gerade habe ich erfunden, wie ich die Welt doch noch verändern kann!

Was? du auch? die Gesellschaft, die Verhältnisse? das muß ja heutzutage der reinste Wettbewerb sein.

Interessiert es dich wirklich nicht, was ich erfinde?

Heute bestimmt nicht, du wirdst wohl eine mächtige Eingebung haben, und Erfinder soll man nicht bei der Arbeit stören.

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Protestas y prosperidad

Resulta que ayer ya me cansé. Le dije al jefe que no volviera a insultarnos más, y que me pagaba las horas extras o que ya estaba en contacto con mi sindicato y le iba a denunciar, lo cual era además cierto. Su primera reacción fue despedirme.  Me alegré de verme libre de este trabajo, porque si dejas un trabajo te quedas sin derecho a las ayudas, y nunca se sabe. Así que me fui a casa silbando…

… cuando suena el teléfono. Ya me extrañaba que tan fácilmente renunciase al dinerito que da a las empresas el servicio de empleo alemán por contratar a un parado: como unos 1.000 euros en el primer mes. No solo no me despidió, sino que me ofreció un trabajo mejor en un gimnasio de lujo donde solo tengo que limpiar el polvo a las máquinas. Las otras pobres almas se quedan en la escuela, aguantando los insultos y los recortes de sueldo arbitrarios con una tarea mucho más dura. Un trabajo sin su vigilancia constante y sin horas extra. Y todo por protestar.

A veces protestar ayuda, aunque entiendo a mis colegas de trabajo, que entre miedo y desconocimiento, no se quisieron quejar. Muchas veces indignarse no ayuda, sino que agrava las cosas, sobre todo si la justicia tiene tan poca sensibilidad como en el caso de los trabajadores despedidos en el ayuntamiento de Huelva.

Los compas de trabajo que no se quejan son, muchos, trabajadores temporales que vienen dos o tres meses a limpiar y luego se llevan un dinerito a sus países, destrozados por la guerra. Razones para no protestar, pues dentro de lo malo, esto es lo menos malo.

A ver si tienen suerte los 1.000 conductores de autobús que se manifestaron ayer en Baden-Wurtemberg para pedir un aumento de la paga de navidades, cursos pagados y mejores vacaciones. Parece que no se han enterado de que estamos en crisis. Todo es cuestión de necesidades, también a la hora de protestar.

(PD: Todavía se evaden al fisco en Alemania cada ano unos 344 billones de euros.)

La fregona protestona

Clase de alemán XIX

En Alemania no habrá muchas protestas de indignados, pero dentro de la escena musical hemos visto nacer al menos tres canciones con el mismo título: “¡Indignáos!”. La versión más famosa sin duda es la creación del cantautor Konstantin Wecker. La canción original con los acordes la podéis leer directamente en la web de Wecker, que además la ha colocado en Amazon, donde se puede descargar gratis. Os dejo la traducción.

Son como nosotros, sí, no lo son con gusto,
no se relacionan con nostros a conciencia.
Nos fastidian mejor desde la distancia
y solo quieren ser iguales entre sus iguales.
Nosotros pagamos impuestos y ellos los evaden.
Nosotros damos la mano y ellos especulan
y mantienen nuestros miedos al trote,
para que no nos enteremos mientras perdemos.
Ellos son los ricos. A veces también los guapos.
Hablan sinsentidos y son publicados a menudo.
Desvarían con gusto y su objetivo son los salarios altos
y eso arruina nuestra economía.
La bolsa festeja, cuando despiden,
a aquellos que les trajeron sus riquezas.
En los tribunales no se los atrapa,
porque las leyes son hechas para ellos.
Indignáos,
quejáos,
y defendéos,
¡nunca es tarde!
Indignáos,
pertenecéos,
y queréos,
¡nunca es tarde!
¡y resistid!
Indignáos…
Los visionarios se ahorran audaces borradores,
incluso las sátiras tienen un efecto exangüe, como castradas.
Los manifestantes se preguntan tímidos, qué se pueden permitir aún,
y en la bolsa se colocan leyes que impiden la lógica.
La dignidad humana es como si fuese intangible,
ya que ahora está bajo reserva financiera –
un pueblo en rigidez tolerante, resistente sin límites,
los cuartos caldeados abarrotados, porque se pondrá fría la cosa.
Para la mayoría es vergonzoso, sentir algo todavía.
Y en lugar de en bienes se cree en la solvencia.
Nos hacen inútiles con calambre y lucha y juego –
miramos por la pantalla, tal vez sea demasiado tarde…
La dictadura aún no está completamente madura, está ensayando aún.
Quien siente su respiración, se agacha de forma preventiva.
Y el necio no está aún completamente entumecido, él ama aún
y se agita con sueños, por eso se le llama “naiv”.
Indignáos…
Conspiráos…
Necesitamos chiflados y locos,
tiene que ocurrir algo.
Estamos viendo a donde lleva todo esto,
cuando los normales gobiernan.
Resisti,
combatti,
stai all’erta,
non cedere mai!
Nell’aria si sente,
si alza un grido
Viva la libertà!
Indignáos…
Outrage yourself,
engage yourself,
love yourself…

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La jefa de todo esto

“Cuando yo empecé, no te imaginas las horas que eché sin cobrar.” “No me mires con esa cara de idiota.” Estas y otras lindezas nos suelta nuestro jefe. Estamos pensando denunciarlo porque no nos quiere pagar las horas extra y por mobbing.

Mejor mil jefes que ni uno solo, se deben estar diciendo por el contrario a sí mismos los trabajadores de las filiales de droguerías Schlecker. En los últimos cuatro meses de 2011 cerró 800 filiales, mientras que en enero y febrero van a cerrar otras 600 más. Unas 3.000 personas se van al paro.

Como en el mundo de los ciegos, en nuestra escuela los tres que nos defendemos con el alemán estamos inevitablemente por encima de los otros que no hablan palabra. Que además son extranjeros sin formación y que no conocen las leyes alemanas, y creen no tener otra opción que aguantar a semejantes mamarrachos.

Mi compañera de trabajo y yo bromeamos a menudo de que en nuestra escuela hay más jefes que empleados. A veces viene uno y nos muestra cómo hemos de coger la fregona, otras veces viene otro que nos asegura que trabajamos muy despacio. Un día vino la mujer del jefe (de uno de ellos) y dijo que estaba todo muy sucio. La cuestión es que quieren que trabajemos unas dos horas gratis al día.

Mañana vamos a ir todos juntos a buscar otro trabajo.

La fregona acosada

Clase de alemán XIII

Tener un trabajo en el que te toman el pelo, y encima te llaman idiota abiertamente, o no tener ningún trabajo. Como en la novela de Leonard Frank “Tres de tres millones” (“Von drei Millionen drei”), cuyo título se refiere a tres millones de parados y se ambienta en los cuarenta. Narra la historia de tres de ellos que se echan a rodar por el mundo en busca de un destino mejor, acosados por el paro. Por el camino aparte de pasar hambre y penalidades, de vez en cuando se echan unas risas:

“Estupendo sería una nueva profesión. Seríamos los primeros que podríamos ejercitarla, porque claro, por supuesto, para eso la habríamos descubierto nosotros”.

“Größartig wäre das, so ein neuer Beruf. Wir wären die ersten, die ihn ausüben können, natürgemäß, weil wir ihn ja entdeckt haben”.

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