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Revuelta en el Döner

Llegué a Berlín de vuelta de Andalucía, convencida de que no volvería a hacer ningún trabajo mal pagado, en el que fomentase a mafia alguna y menos aún si era sin contrato.

El primer día de regreso fui a un Kebap a comprarme unas papas fritas y ya me dejé convencer por lo que parecía ser una oferta que no podía rechazar: vender zumos y ganarme unos eurillos. Un trabajo sencillo y agradable. El sol brillaba a más no poder y parecía pedirme a gritos un SÍ como una torre.

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– Gracias, su zumo.

– De nada, su vuelta.

Lo cierto es que el sueldo era muy muy bajo: 5 euros la hora. El contrato era un contrato de minijob. Para más señas leer este artículo de El País sobre este modelo de explotación legalizada.

Al cuarto día, Berlín volvía a ser la ciudad que es: Nublada y con un frío que pela. Nadie quería tomar zumo de naranja en un día así. Ocho horas de pie pasando frío por 40 euros. Me pillé un resfriado increíble y al día siguiente no pude volver al trabajo, con lo cual aquel día no gané nada.

Así fue mi vuelta y mi revuelta a Berlín: Le dije al jefe que si trabajaba ocho horas debía tener un trabajo a tiempo completo, y que si el negocio era realmente rentable tendría que pagarme algo más por hora. Me respondió que no siguiese, pues estaba infundiendo una “moral errónea” a los otros empleados. 

Uno de ellos, el cocinero del Kebup, me contó que hablaba seis idiomas y sabía cocinar platos de muchos países diferentes. Formación profesional incluida, llevaba trabajando en el sector un lustro. “Son malos tiempos, yo también trabajo por 5 euros la hora, tengo un contrato a tiempo completo, pero ésto es lo mejor que he podido encontrar”.

En su defensa tengo que reconocer que eran muy simpáticos y me llenaban la barriga de zumos y falafel. Tan solo me daban escalofríos cuando pasaba algún nazi por la puerta, y se quedaba fijamente mirándome a los ojos. No sé si era paranoia o qué, pero bien que nos bombardearon con lo de la “Banda del Döner”.

La alarma mecánica

Clase de alemán XXV

Dicen que el berlinés mas famoso es el ruso Wladimir Kaminer, escritor y periodista, que con su bestseller “No soy un berlinés” (Ich bin kein Berliner), una “guía de Berlín para turistas perezosos”, descubrió a los alemanes un punto de vista de sí mismos que hasta entonces eran incapaces de captar. Pronto estará en las pantallas su primera película, y muchos sábados deleita a sus más fieles en un bar en el que lee sus divertidos escritos. No puedo más que recomendarlo a los que quieran aprender alemán y se muden a Berlín.

En el capítulo “Nazis y otras cosas dignas de ver” cuenta:

“Desde que mi suegra ha venido a visitarnos, se preocupan mucho por ella sus familiares en el Cáucaso norte. Cada semana la llaman por teléfono, a veces incluso en medio de la noche. “¿Cómo estás, Tanja? ¿Está todo bien? ¿No estás herida?” La razón de tanta pregunta es la información tan parcial que sobre Berlín emiten en la televisión rusa. En ella se muestran una y otra vez imágenes aterradoras de la capital alemana: manifestaciones de neonazis, disturbios, casas ardiendo y coches volcados. “Pues yo no he notado nada”, dice mi suegra cada vez. Los familiares por el contrario viven en una región inestable cerca de la frontera con Chequia. “Mira menos la tele y más por la ventana. ¡Ahí donde vosotros ha explotado hace poco una casa!, intento contraatacar. “¿Qué casa? Aquí no ha pasado nada. Pero ahí, en Berlín, lo hemos visto – ¡por todas partes hay talibanes! ¡Andad con ciudado!”, nos aconsejan los parientes caucásicos.”

“Seit meiner Schwiegermutter bei uns zu Besuch ist, machen sich ihre Verwandten im Nordkaukasus große Sorgen um sie. Jede Woche rufen sie an, oft sogar am Mitternacht. “Wie geht´s dir, Tanja? Ist alles in Ordnung? Bist du auch nicht verletzt?”  Der Grund für solche Fragen ist die einseitige Berichterstattung über Berlin im russischen Fersehen. Dort werden nämlich immer wieder erschütternde Bilder aus der deutschen Hauptstadt gezeigt: Nazi-Demos, Krawalle, brennende Häuser, und umgekippte Autos. “Also ich habe eigentlich nichts bemerkt”, sagt meine Schwiegermutter jedes mal verlegen. Dabei legen gerade die Verwandten in einer instabiler Region nahe der tschechischer Grenze. “Guckt weniger Fernsehen und mehr aus dem Fenstern! Bei euch ist doch neulich ein Haus explodiert!”, versuche ich zu kontern. “Was für ein Haus? Hier ist nichts passiert. Aber bei euch in Berlin, das haben wir gesehen – überall Taliban! Bleibt wachsam dort!”, raten uns die kaukasischen Verwandten”.

 

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Sin turrón pero con sol

No sé si él lo ha hecho por mí, o yo por él. Al comienzo de este blog me respondí a mí misma porqué no me vuelvo a España si no tengo un trabajo intelectual. La respuesta era la excusa de que el presidente alemán no pensaba dimitir, aunque estaba en medio de varios escándalos.

Los escándalos no eran que el Goethe Institut, lo que vendría a ser el Instituto Cervantes español, esté siendo objeto de una campaña de lucha del sindicato de la ensenanza GEW, que considera que los trabajadores de esta institución están en condiciones precarias. Porque los profesores de alemán estén en condiciones precarias no dimitiría ningún presidente. Eran otras cositas, créditos, ropitas de su mujer, menudencias.

Hoy ha dimitido. Y yo también.  Habrá noticias de los nuevos proyectos grandiosos que me rondan la mente. Después de más de un año sin poder ir a España, ahora sólo pienso en el sol y en mi familia. Vuelvo tres semanas y luego ya se verá.

Por lo menos aquí cambian de caras, aguantar siempre al mismo rey es pa matarse.

La fregona pródiga

Clase de alemán XXIV

“He perdido la confianza y las posibilidades de influir que en el pueblo debe tener un presidente de la república.”

„Ich habe das Vertrauen und Wirkungsmöglichkeiten eines Bundespräsidenten in der Bevölkerung verloren.“

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Las tres vidas de Raila

Esta tarde ha venido un nuevo trabajador a limpiar la escuela. Se llama Raila y nació en Kenia. Le acaban de conceder el asilo en Alemania y, con sus papeles en la mano, se ha echado a la calle a buscar trabajo.

La residencia que el estado le ha dispuesto está a más de una hora y media del centro de Berlín. Después de unas seis horas de duro fregoteo, cerca de las once de la noche, llegó el jefe y le dijo a Raila que no le había seleccionado para el trabajo.

Con la cabeza gacha, se dirigía ya camino de la estación de metro… para dormir allí, porque a esa hora no pasan más trenes ni autobuses en dirección a su destino. Nosotros no sabíamos nada. Por suerte tenemos otra compa africana que se olió el percal y le preguntó que dónde iba a dormir esa noche.  A mí no se me habría pasado por la cabeza. Así que se ha quedado en casa de otro de los limpiadores.

Raila vive su tercera vida, y eso que parece bastante joven. Su primera vida fue en su país, donde estudió administración de empresas. Su hermano es periodista. Tras alguna desgracia, tuvo que marcharse y el destino le llevó a Grecia, donde pasó cuatro inviernos. Trabajó limpiando en una escuela y cuando ya se defendía más con el griego, en una panadería.

“En Atenas me iba bien, tenía un trabajo, una vida normal, amigos, dinero. Después llegó la crisis y me enviaron aquí. He estado en tres asilos para refugiados en Alemania, en los que permanecí retenido hasta que llegaron mis papeles. Ahora soy libre para buscar trabajo.”

Hace cuatro inviernos que no ve a su familia más que por Skype. Su tercera vida recién comienza en Alemania.

El renacer de la fregona

Clase de alemán IX

Alexander Osang es uno de los periodistas mas reconocidos de Alemania. En su libro “En la próxima vida” (Im nächsten Leben), recopila una serie de retratos, perfiles de personas que comenzaron una nueva vida.

“(…)Angela Merkel aber fühlte irgendwann, dass sie das nicht wollte. Sie wollte weitermachen. Sie sagt, dass sie die Geschichte jahrelang als ständige, gesetzmäsige Entwlickung zu etwas Höherem begriffen hat. Irgendwann machte ihr ein Akademiekolleg klar, dass das DDR-Ideologie war. Aber ganz wird man das ja nie los. Sie wollte es besser machen. Sie konnte das auch. Sie musste nie abhängig sein von der Kerlen. Sie bewarb sich um ein Bundestagsmandat und räumte ihren Schreibtisch in der Akademie. Von da an gab es kein Züruck mehr. – Das war der Punkt, als mein neues Leben began – sagt sie – wenn Sie ihn denn unbedingt wissen müssen.”

“(…)Angela Merkel sintió un día que aquello no era lo que ella quería. Quería seguir adelante. Asegura que durante años comprendió  la historia como una sucesión en desarrollo constante y obligatorio. Un día terminó sus estudios, todo como prescribía la ideología de la DDR. Pero esa sensación (del desarrollo) no la abandonó ya nunca. Ella quería hacerlo mejor. También podía. No tenía que depender de los chicos. Se candidató a un mandato en el parlamento y recogió sus pertenencias de su escritorio en la Academia de las Ciencias. A partir de ahí, no habrá vuelta atrás.

– Ese fué el punto en el que mi nueva vida comenzó -, dice ella – si es que tiene que saberlo sin mas remedio”.

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