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Protestas y prosperidad

Resulta que ayer ya me cansé. Le dije al jefe que no volviera a insultarnos más, y que me pagaba las horas extras o que ya estaba en contacto con mi sindicato y le iba a denunciar, lo cual era además cierto. Su primera reacción fue despedirme.  Me alegré de verme libre de este trabajo, porque si dejas un trabajo te quedas sin derecho a las ayudas, y nunca se sabe. Así que me fui a casa silbando…

… cuando suena el teléfono. Ya me extrañaba que tan fácilmente renunciase al dinerito que da a las empresas el servicio de empleo alemán por contratar a un parado: como unos 1.000 euros en el primer mes. No solo no me despidió, sino que me ofreció un trabajo mejor en un gimnasio de lujo donde solo tengo que limpiar el polvo a las máquinas. Las otras pobres almas se quedan en la escuela, aguantando los insultos y los recortes de sueldo arbitrarios con una tarea mucho más dura. Un trabajo sin su vigilancia constante y sin horas extra. Y todo por protestar.

A veces protestar ayuda, aunque entiendo a mis colegas de trabajo, que entre miedo y desconocimiento, no se quisieron quejar. Muchas veces indignarse no ayuda, sino que agrava las cosas, sobre todo si la justicia tiene tan poca sensibilidad como en el caso de los trabajadores despedidos en el ayuntamiento de Huelva.

Los compas de trabajo que no se quejan son, muchos, trabajadores temporales que vienen dos o tres meses a limpiar y luego se llevan un dinerito a sus países, destrozados por la guerra. Razones para no protestar, pues dentro de lo malo, esto es lo menos malo.

A ver si tienen suerte los 1.000 conductores de autobús que se manifestaron ayer en Baden-Wurtemberg para pedir un aumento de la paga de navidades, cursos pagados y mejores vacaciones. Parece que no se han enterado de que estamos en crisis. Todo es cuestión de necesidades, también a la hora de protestar.

(PD: Todavía se evaden al fisco en Alemania cada ano unos 344 billones de euros.)

La fregona protestona

Clase de alemán XIX

En Alemania no habrá muchas protestas de indignados, pero dentro de la escena musical hemos visto nacer al menos tres canciones con el mismo título: “¡Indignáos!”. La versión más famosa sin duda es la creación del cantautor Konstantin Wecker. La canción original con los acordes la podéis leer directamente en la web de Wecker, que además la ha colocado en Amazon, donde se puede descargar gratis. Os dejo la traducción.

Son como nosotros, sí, no lo son con gusto,
no se relacionan con nostros a conciencia.
Nos fastidian mejor desde la distancia
y solo quieren ser iguales entre sus iguales.
Nosotros pagamos impuestos y ellos los evaden.
Nosotros damos la mano y ellos especulan
y mantienen nuestros miedos al trote,
para que no nos enteremos mientras perdemos.
Ellos son los ricos. A veces también los guapos.
Hablan sinsentidos y son publicados a menudo.
Desvarían con gusto y su objetivo son los salarios altos
y eso arruina nuestra economía.
La bolsa festeja, cuando despiden,
a aquellos que les trajeron sus riquezas.
En los tribunales no se los atrapa,
porque las leyes son hechas para ellos.
Indignáos,
quejáos,
y defendéos,
¡nunca es tarde!
Indignáos,
pertenecéos,
y queréos,
¡nunca es tarde!
¡y resistid!
Indignáos…
Los visionarios se ahorran audaces borradores,
incluso las sátiras tienen un efecto exangüe, como castradas.
Los manifestantes se preguntan tímidos, qué se pueden permitir aún,
y en la bolsa se colocan leyes que impiden la lógica.
La dignidad humana es como si fuese intangible,
ya que ahora está bajo reserva financiera –
un pueblo en rigidez tolerante, resistente sin límites,
los cuartos caldeados abarrotados, porque se pondrá fría la cosa.
Para la mayoría es vergonzoso, sentir algo todavía.
Y en lugar de en bienes se cree en la solvencia.
Nos hacen inútiles con calambre y lucha y juego –
miramos por la pantalla, tal vez sea demasiado tarde…
La dictadura aún no está completamente madura, está ensayando aún.
Quien siente su respiración, se agacha de forma preventiva.
Y el necio no está aún completamente entumecido, él ama aún
y se agita con sueños, por eso se le llama “naiv”.
Indignáos…
Conspiráos…
Necesitamos chiflados y locos,
tiene que ocurrir algo.
Estamos viendo a donde lleva todo esto,
cuando los normales gobiernan.
Resisti,
combatti,
stai all’erta,
non cedere mai!
Nell’aria si sente,
si alza un grido
Viva la libertà!
Indignáos…
Outrage yourself,
engage yourself,
love yourself…

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